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El futuro de la Costa Caribe de Nicaragua: Afrontando los retos de la juventud

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El Instituto de Investigaciones y Gestión Social (INGES) ejecuta el programa EDEPROSASA “Eje de Desarrollo Productivo San Jerónimo-Sahsa: una opción de los Pueblos Originarios de La Costa Caribe de Nicaragua” junto a Nazioarteko Elkartasuna – Solidaridad Internacional, gracias a financiamiento de la Agencia Vasca de Cooperación para el Desarrollo.

El proyecto contiene una serie de actividades en 21 comunidades del Caribe para apoyar las potencialidades de la juventud y contribuir al mejoramiento de sus condiciones de vida.

Superando retos

La población joven que habita en las 21 comunidades del Caribe norte, la zona de intervención del Programa EDEPROSASA, es mayoritariamente rural y vive en condiciones de pobreza severa. Normalmente, tanto mujeres como hombres llegan hasta el nivel de educación primaria (12 años) y no pueden continuar porque en las comunidades no hay escuelas secundarias y no cuentan con recursos económicos para trasladarse a los centros urbanos para continuar sus estudios. La pequeña cantidad de personas jóvenes que logran terminar la secundaria o carreras técnicas y universitarias, son generalmente hombres, quienes también terminan desempleados o migrando hacia la zona pacífica y núcleos urbanos del país porque el mercado laboral de la región no tiene capacidad de absorberlos.

En la cultura tradicional de las comunidades miskitas, la población joven se abre con dificultad un espacio que tradicionalmente ha estado ocupado por varones adultos, y que acapara todos los ámbitos de la comunidad, espacios de decisión, trabajos, disponibilidad de recursos económicos, etc. En este sentido, la juventud, está explorando formas y capacidades organizativas para exigir sus derechos y con ello lograr cambios positivos. Están así mismo en disposición de enfocar sus demandas y su trabajo organizacional hacia relaciones más igualitarias entre hombres y mujeres, superando el esquema patriarcal todavía imperante.

A pesar de la riqueza de expresiones culturales y tradiciones, la población joven ve con cierta indiferencia el hecho de estar perdiendo poco a poco su identidad indígena, aunque, paradójicamente, lo consideren como una de sus características más distintivas. La juventud, como en otras partes del mundo, aspira a crecer teniendo mejores oportunidades que sus progenitores y de ahí nacen gran parte de sus demandas de una mejor educación, alternativas de formación adecuadas a su contexto, y oportunidades de mercado que les permitan, a través de la agricultura, obtener mejores ingresos.

En ese sueño de mejores oportunidades, la juventud caribeña trabaja día a día en la cotidianidad para alcanzar los retos que se proponen, de manera conjunta con el fin de ir mejorando las condiciones de vida del Caribe nicaragüense.

¡Nos organizamos para salir adelante!

Bajo esta idea y en medio de la difícil realidad que ofrece el Caribe nicaragüense para las personas jóvenes, más de 430 chavalos y chavalas de distintas comunidades se han organizado en torno a 21 grupos, uno por comunidad, creando sus propias organizaciones locales. A través de éstas, buscan que su voz sea escuchada para que se atienda a sus necesidades y conseguir un espacio de participación en la toma de decisiones de sus comunidades y territorios.

La juventud vio en la organización una oportunidad de alcanzar mejores resultados tanto en el ámbito político como en el económico, productivo. Las organizaciones creadas, han sido una plataforma para demandar una mayor representación en los espacios de decisión, para tener mayor incidencia y conseguir apoyos para satisfacer sus demandas. Las personas jóvenes en su actuar como grupo están haciendo un esfuerzo por tener más conocimientos sobre las leyes del país y de los pueblos indígenas para defenderse mejor.

El Programa EDEPROSASA, ha brindado acompañamiento para la conformación de 21 organizaciones juveniles, una por cada comunidad. Estas organizaciones son espacios que posibilitan conocer a otros jóvenes, formarse y despertar su interés en participar en temas de interés comunitario. Son así mismo espacios de intercambio, de ayuda mutua, de reflexión, de unión para resolver problemas comunes, de esfuerzo compartido para tener un mayor impacto a nivel de incidencia, productivo, medioambiental y de relaciones de género.

A través de estos grupos y de manera organizada, las personas jóvenes analizan sus problemáticas comunitarias, trazan líneas de acción y definen estrategias que les permitan obtener soluciones a sus problemas. También han trabajado impulsando procesos de concientización sobre sus identidades y sus derechos, logrando establecer reuniones con los distintos niveles de Gobierno (Territorial y Municipal) para hacer oír sus voces y elevar sus demandas a las instancias de decisión. La organización les está demostrando que juntas y juntos es más fácil salir adelante.

Sin equidad no hay desarrollo

Las desigualdades de género son un obstáculo para el desarrollo en cualquier ámbito de la vida. En el caso de las mujeres del Caribe nicaragüense, además de sus identidades indígenas, deben lidiar con el peso de ser mujer en una sociedad machista y patriarcal que las relega a un segundo plano en las distintas esferas de la vida cotidiana. La situación es más crítica si además la mujer es joven.

En el Caribe nicaragüense ser mujer implica un reto enorme, pues desde tiempos ancestrales el rol masculino ha llevado la batuta en la toma de decisiones, ha copado los espacios públicos más importantes y además ha normalizado la violencia, los abusos y el sometimiento de las mujeres, hasta el día de hoy.

El control de los recursos económicos y productivos, las decisiones sobre el ámbito reproductivo, la representación en puestos de dirección, son cosas que no están en manos de las mujeres, sino de los hombres. Profundas desigualdades que limitan el desarrollo y el bienestar en general y de las mujeres en particular.

Las jóvenes sufren el machismo y exclusión por parte de los hombres, tanto jóvenes como adultos. Además, tienen poco acceso a la educación sexual, en la zona son frecuentes los embarazos adolescentes y abundan las madres solteras, en general las mujeres empiezan a tener hijos a edad muy temprana (17 años), en muchos casos son embarazos no deseados y a lo largo de su vida fértil suelen tener muchos hijos y poco acceso a los servicios de salud de calidad, acceso a métodos de planificación familiar, etc. Las mujeres están además especialmente expuestas a enfermedades de Transmisión Sexual. Teniendo en cuenta factores como la violencia en el noviazgo y los abusos sexuales a los que se enfrentan las mujeres.

Las relaciones entre hombres adultos y mujeres jóvenes son también motivo de preocupación porque suele ser fuente de violencia y sometimiento hacia la mujer. Los hombres jóvenes reconocen que tienen prácticas y actitudes machistas y violentas, aceptando que esto se debe a la forma en que fueron criados y a la presión social.

Y es de esta experiencia y en este contexto del que surge, desde la propia población joven, la demanda de trabajar para sensibilizar a los hombres jóvenes y para cambiar, en las nuevas generaciones, patrones de comportamiento machista muy arraigados culturalmente.

Ante esta demanda, el proyecto EDEPROSASA ha considerado como eje fundamental incorporar una reflexión profunda sobre el género y las condiciones de desigualdad que viven las mujeres en el ámbito de las organizaciones juveniles. Es la población joven la que se ha mostrado más receptiva al cambio de patrones tradicionales y excluyentes de género. Son conscientes de la igualdad de derechos y están dispuestos, tanto hombres como mujeres, a tomar conciencia de la desigualdad y sobre todo emprender acciones para disminuir estas brechas y para erradicar las situaciones que enfrentan las mujeres jóvenes de violencia, marginación y exclusión, en mayor medida que los hombres, y por el hecho de ser mujeres.

Se han emprendido una serie de talleres y capacitaciones para facilitar un espacio de reflexión y aprendizaje, con las personas jóvenes para modificar la cultura machista y patriarcal que impera en las comunidades, cambiar actitudes y comportamientos, los hombres jóvenes reflexionan sobre nuevas masculinidades, las mujeres toman conciencia de su rol de sometimiento y piensan estrategias para cambiar las relaciones de poder desde los espacios más íntimos, un enorme reto que ya han iniciado y pero en el que todavía  queda mucho por avanzar porque sin equidad no hay desarrollo.

La tecnología, motor para transformar la realidad

Las comunidades y comarcas del Caribe de Nicaragua, cuentan con servicios básicos muy escasos, en muchas de ellas no hay agua potable, la energía eléctrica llega con dificultades y el acceso a internet es muy limitado. A pesar de todo, con el avance de las nuevas tecnologías y el desarrollo de los servicios telefónicos cada vez con mayor cobertura, en los últimos años se ha hecho más común que el Whatsapp y las redes sociales estén al alcance de las personas jóvenes.

Aunque la pobreza, la falta de servicios de educación y las dificultades para generar recursos económicos, convierten el acceso a las nuevas tecnologías casi en una utopía, el programa EDEPROSASA, ante la demanda existente hizo una apuesta por acercarlas a la juventud. A través del componente para la instalación de Centros de Información y Documentación Comunitarios (CIDOC), las personas de las comunidades, especialmente las jóvenes, pueden tener acceso a distintos sistemas tecnológicos que facilitan y contribuyen a mejorar sus condiciones de vida.

Los CIDOC son pequeños módulos conformados por un ordenador, una fotocopiadora, scanner y una impresora, que están a disposición de las personas de la comunidad que requieran de la utilización de cualquiera de estos equipos. El CIDOC está instalado en un espacio físico comunitario de fácil acceso y que todas las personas conocen, en algunas comunidades donde no hay energía eléctrica el CIDOC cuenta también con un panel solar.

En los ordenadores de cada CIDOC se han instalado 65 videos formativos con información que permite mejorar los sistemas de producción agropecuarios, mediante los cuales las personas que utilicen este servicio, pueden aprender o mejorar sus conocimientos sobre la producción.

Estos Centros de Información y Documentación, están diseñados no solo para atender las demandas de formación productiva. Se dotarán con materiales impresos que sirvan de estudio para las personas de la comunidad, libros, investigaciones, materiales de campaña, también se pretende que en estos espacios se puedan realizar actividades como videoforos, proyección de películas, etc.. Asimismo, son lugares donde obtener información sobre muchos temas de interés, cómo montar un negocio, agroindustria, informática, diseño, cultura, historia, literatura, etc. de manera que se pueda aprovechar al máximo los recursos tecnológicos de los que disponen.

Los 21 CIDOC instalados, representan una gran oportunidad para las personas jóvenes que viven en esas comunidades, ante la carencia de espacios de recreación o de formación tecnológica, porque la tecnología es un motor para transformar la realidad.

¡Un salto de alegría! Río Sisin

El Caribe norte de Nicaragua se caracteriza por ser una zona de exuberante belleza. Playas de arena blanca, portentosa vegetación y unos ríos increíbles. A pesar de las inclemencias del clima y los devastadores efectos del cambio climático, en el territorio y sus comunidades todavía hay ríos de enorme caudal.

La vida de las comunidades indígenas miskitas que habitan en Bilwi o sus comunidades aledañas, tienen una estrecha relación con el agua. Pequeños caseríos se establecen en las riberas de los ríos, aprovechando sus aguas para conseguir alimentos, para transportarse de un lado a otro y también para disfrutar del placer de darse un chapuzón.

A 41 km de Puerto Cabezas existe una comunidad o caserío llamado Sahsa, establecido muy cerca del río Sisin. Un pequeño centro poblacional que tiene como característica principal la arquitectura tradicional de sus casas, edificadas sobre pilotes y un portentoso rio de enorme caudal que atraviesa la comunidad.

Sobre este rio hay un puente que lo atraviesa a una altura de 10 metros aproximadamente, desde ahí los niños y niñas de la comunidad saltan, disfrutan de un entretenimiento espectacular, ríen, son felices. Venciendo al miedo y atreviéndose a pintar sonrisas en sus rostros se arrojan al vacío hasta sumergirse en las profundidades del Sisin.

La cultura miskita tiene estrecha relación con el agua, mitos, leyendas han surgido por su vínculo ancestral con este precioso recurso que hoy se ve amenazado por el despale indiscriminado y la contaminación.

¿Y vos, te atreverías a saltar?

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